Detrás de las cifras hay una institución central: el Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Reinserción Social, una instancia federal adscrita a la Secretaría de Seguridad que coordina, supervisa y da seguimiento a los procesos de internamiento y reintegración social de personas en conflicto con la ley, incluyendo adolescentes.
Este organismo no solo recopila estadísticas; también define lineamientos, evalúa centros de internamiento y promueve estrategias para que las sanciones —privativas o no de la libertad— tengan un enfoque de reinserción y no únicamente punitivo. Es, en esencia, el eje que articula la política penitenciaria y de justicia juvenil en el país.
Con base en sus reportes más recientes, correspondientes al primer bimestre de 2026, el país registra 6,197 adolescentes bajo distintas medidas legales: desde sanciones en internamiento hasta procesos en libertad bajo supervisión. El dato, por sí solo, refleja la magnitud del reto.
San Luis Potosí ocupa una posición que podría definirse como de “alerta moderada”. Con 153 adolescentes en el sistema, se ubica en el lugar 14 a nivel nacional, justo en la mitad de la tabla. No se trata de una de las entidades con mayor presión, pero tampoco figura entre las de menor incidencia.
La lectura comparativa permite dimensionar mejor su situación. Por ejemplo, el estado potosino supera ligeramente a entidades como Tamaulipas (151 casos) y Nayarit (150), lo que indica una cercanía estadística dentro de un mismo rango. Sin embargo, aún se encuentra por debajo de Chiapas, donde la cifra asciende a 181 adolescentes.
San Luis Potosí concentra el 2.47% del total nacional de adolescentes en el sistema de justicia, una participación que lo mantiene dentro del primer bloque de entidades que requieren atención constante en sus políticas de prevención y reinserción.
El contraste más marcado aparece al observar el norte del país. Estados como Sonora (505 casos), Chihuahua (473) y Baja California (459) concentran las cifras más altas, lo que revela una presión mucho mayor sobre sus sistemas de justicia juvenil. En el extremo opuesto, entidades como Campeche (24), Guerrero (28) y Colima (30) registran los niveles más bajos, dibujando una brecha regional evidente.






