Mariana Hernández menciona que el trabajo de las cuidadoras es altamente demandante y desgastante, ya que implica dejar de lado su propia vida personal. Además de las tareas domésticas, las cuidadoras deben realizar procedimientos médicos, gestionar citas, comprar medicinas, entre otras labores, todo sin redes de apoyo.
La Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados 2022, reportó que más de 31 millones de personas en México brindan cuidados a familiares. En San Luis Potosí, se han identificado alrededor de 725 cuidadoras mujeres, la mayoría madres e hijas, y 25 hombres cuidadores. Sin embargo, la cifra real es mucho mayor, ya que muchas no se reconocen como tales debido a la falta de información.
La mayoría de las cuidadoras vive en condiciones precarias, trabajando en el comercio informal porque no pueden mantener un trabajo con horarios definidos. Este desgaste físico y emocional afecta profundamente su bienestar.
Mariana Hernández, por ejemplo, cuida a su hijo de 11 años con parálisis cerebral infantil y epilepsia, lo que demanda su atención constante, dejándola sin tiempo para descansar o cuidar de sí misma. Las cuidadoras también enfrentan violencia emocional por parte de sus propias familias, quienes delegan la responsabilidad del cuidado a una sola persona, generalmente a la mujer, lo que genera un sufrimiento psicológico profundo.
A pesar de algunas iniciativas para proporcionar apoyo económico y asistencia social, el Estado de San Luis Potosí aún no cuenta con un programa integral que reconozca a las cuidadoras como población vulnerable.
La propuesta de un Sistema Nacional de Cuidados lleva años estancada en el Senado, por lo que se ha propuesto la creación de un Sistema Municipal de Cuidados, que podría convertir a San Luis Potosí en un referente en el reconocimiento de este sector olvidado. Mediante apoyo legal, psicológico y educativo, además de gestionar recursos tanto internos como externos y a si, mejorar su condición de vida.
Margarita Carmona Puente lleva siete años cuidando a su hija con autismo. A pesar de los avances en su cuidado, la falta de apoyo institucional y la escasez de servicios adecuados han afectado su salud.
La falta de educación integral para su hija también ha sido un desafío, enfrentándose a un sistema educativo que no está preparado para incluir a niños con discapacidades.
La familia decidió inscribirla en un Centro de Atención Múltiple en Matehuala, con la esperanza de que recibiría la atención adecuada. Sin embargo, la realidad fue muy diferente “nos dijeron que ahí había personal capacitado, pero lo único que hicieron fue echar atrás todo el avance que habíamos logrado en casa. Mati comenzó a mostrar señales de estrés severo: lloraba constantemente, dejaba de comer, bajó de peso y dejó de dormir”.
A pesar de que la situación fue reportada a las autoridades educativas, la respuesta fue mínima. La familia llevó su caso ante la justicia y obtuvo un amparo legal que exigía que recibiera una educación integral. Sin embargo, a pesar de la sentencia a favor, la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado, SEGE, no ha cumplido con lo estipulado, y no se ha asignado personal capacitado para brindar la asistencia que requiere.
El cuidado de una persona con discapacidad implica un gran desgaste físico y emocional, además de la renuncia a proyectos personales, como expresa una madre: “Al principio pensé que podría equilibrar mi trabajo con el cuidado, pero su condición requiere vigilancia constante (…) Hoy ya me dedico por completo a ser mamá”.
No puede permitirse descansar, incluso cuando está enferma: “Cuando me enfermo, no hay descanso. No puedo dejarla al cuidado de alguien más”. A pesar de la gran responsabilidad, ha encontrado apoyo en el colectivo Cuidadoras Potosinas, que le brinda espacio para luchar por los derechos de los niños con discapacidad.
Lamenta el rechazo a iniciativas de apoyo: “Nos prometen ayuda, pero solo es un discurso vacío. Nos han quitado la visibilidad, nos despojan de nosotras mismas por dedicarnos a los demás, pero no nos quitarán la voz”.
Busca que el camino se haga más fácil, pero las instituciones del Estado aún no están preparadas para acompañarlas, aunque recen lo contrario.
En la Huasteca Potosina, Miriam Andrea López Jaime busca crear solidaridad entre las cuidadoras al enfrentar la falta de recursos y servicios en su región, donde, según relata, “llegan más lentamente a Ciudad Valles. En San Luis Capital, hay más capacitaciones, conferencias y congresos sobre el cuidado, pero nosotros no tenemos acceso a ellos”.
La atención médica es limitada, especialmente cuando se trata de especialistas: “Si algún especialista no está en la ciudad, es casi imposible recibir ayuda”.
Miriam, madre de Valentina, una niña diagnosticada con autismo, explica cómo su dedicación a su hija consume casi todo su tiempo: “De lunes a viernes, va a la escuela de 8 a 12, y el resto del día es para ella, lo que significa que nuestra vida personal no existe”.
A pesar de los desafíos, el apoyo del colectivo Cuidadoras Potosinas ha sido transformador para Miriam: “Al principio, sentí un gran vacío. No sabía a quién acudir ni por dónde empezar. Fue entonces cuando conocí a las Cuidadoras y me di cuenta de que no estaba sola”.
El colectivo Cuidadoras Potosinas ha crecido rápidamente en Ciudad Valles, pasando de 17 a 104 miembros. Las cuidadoras enfrentan cargas emocionales y problemas de salud como ansiedad, depresión, hipertensión y dolor en la columna, debido al desgaste físico y psicológico.
Como explica Miriam: “La carga física y emocional es tan grande que nuestra salud se ve dañada, aquí cabe la pregunta de a nosotras, ¿quién nos cuida?”. Además, muchas luchan contra empleadores que no comprenden su situación, lo que agrava aún más su carga. Exigen mayor conciencia y apoyo institucional, así como políticas públicas que garanticen sus derechos.
El proyecto de un Sistema Municipal de Cuidados, liderado por la regidora Adriana Urbina, busca reconocer y apoyar el trabajo de los cuidadores, principalmente de las mujeres, quienes a menudo deben abandonar su vida laboral y personal para cumplir con sus responsabilidades.
Este proyecto propone un Comité Municipal de Cuidados que garantice que todas las dependencias gubernamentales adopten acciones afirmativas en favor de los cuidadores, desde servicios médicos hasta apoyo económico.
“Si una persona cuida a un familiar postrado en cama, con altos niveles de dependencia, no solo necesita conocer las técnicas de cuidado, sino que también necesita acceso a servicios básicos. Por ejemplo, la tarifa del agua podría ajustarse o subsidiarse como parte de esta política pública”.
También se plantea la creación de una Unidad Municipal de Cuidados, que ofrecería atención directa a los cuidadores mediante un equipo multidisciplinario, incluyendo médicos, psicólogos y trabajadores sociales.
“Es fundamental que los cuidadores se empoderen, que reconozcan su valía y que reciban formación para que puedan generar sus propios ingresos, lo que les permitirá tener mayor autonomía económica”.
Dentro de las propuestas se incluyen programas prácticos para aliviar la carga de las invisibles, aquellas que, por responsabilidad moral, un amor incondicional hacia los suyos, se despojan de sí mismas para ser otros. Estar unidas y con intereses comunes, las hace invencibles para proteger la urgencia de cuidarse por sí mismas.






